Nona la hormiga y la gran lluvia
Bajo la vieja higuera, la hormiga Nona encontró la miga más grande que había visto jamás: dorada, dulce ¡y grande como una puerta!
—¡El hormiguero entero podría comer de esto una semana! —celebró. Empujó. Tiró. Resopló con todas sus fuerzas. La miga no se movió ni un poquito.
A lo lejos, el cielo retumbó. Unas nubes grises llegaban muy rápido. Si caía la gran lluvia, la hermosa miga se desharía en el barro.
Nona no lloró. Corrió al hormiguero y llamó: —¡Amigas! Encontré un tesoro, pero pesa demasiado para mí. ¿Quién me ayuda?
—¡Yo! —dijo su hermana. —¡Yo! —dijo la vieja hormiga minera. —¡Nosotras! —zumbaron veinte primitas, saliendo en fila.
Una hormiga en cada esquina, diez a cada lado: —Una, dos, tres… ¡empujen! La miga gigante resbaló, se tambaleó y rodó hasta el hormiguero, justo cuando la primera gota gorda salpicó la higuera.
Esa noche, mientras la lluvia tamborileaba arriba, las hormigas compartieron la cena más dulce de su vida. —Era demasiado pesada para una —sonrió Nona—, pero perfecta para todas juntas.
🌟 La moraleja: Lo que pesa demasiado para uno es perfecto para amigos juntos.
Hablemos del cuento
¿Qué encontró Nona bajo la higuera?
Una miga gigante y dorada, grande como una puerta.
¿Por qué tenía prisa Nona?
Venía una gran lluvia y la miga se desharía en el barro.
¿Cómo movieron las hormigas la miga gigante?
Empujaron todas juntas: una en cada esquina y diez a cada lado.
